Puf. No doy más. Y no sé cómo se sentirán Dara, Ale, Mayssa, Duda, Mayara y cia, pero yo estoy casi tan feliz como ellas, si cabe la comparación. O como Lekić, Krpez, Cvijić, Tomasević y Damnjanović. Hoy tuve el privilegio de ver en vivo dos de los partidos de cuartos de final de este mundial, ¡y qué partidos! Por dónde empezar, ¿no? Por el principio siempre es mejor.

Llegué al estadio a las cuatro de la tarde, pero esta vez nada de taxis que cobran caro, me fui caminando desde el departamento. Tranquila, sacando alguna que otra foto por el camino, me tomó una hora llegar a destino. El clima en la sala de prensa ya estaba pareciéndose al que suele haber en estas instancias finales, mucho tumulto, fotocopias y estadísticas por todos lados, charlas entre colegas, mucho café y bullicio.

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Los periodistas noruegos, los que ví durante toda la estadía en Zrenjanin, ya estaban rondando por ahí. Mis ya amigos brasileros estaban instalados en la tribuna de medios, bien cerca de la cancha, en la segunda fila. “¿Sabés si se les puede pedir a los de sonido que pongan una canción* durante la entrada en calor?”, me preguntó una de ellas. Me tomó un segundo hablar con el musicalizador y cumplirles el deseo. Y no digo que tuve que ver con la victoria moral, pero resulta que la canción elegida tiene una letra que parece que pegó bien fuerte en el equipo de Morten Soubak.

*”Celebrar – Jammil”

El primer partido del día fue el Brasil-Hungría. Las europeas llegaban desde Novi Sad, donde eliminaron a las Guerreras españolas y se las notó muy enfocadas y serias en la entrada en calor. Las vecinas, como me gusta llamarlas ahora, no parecían concentradas; la descripción es otra y creo que Daniela Piedade la definió bien en la conferencia de prensa: “había fuego en nuestros ojos”. Y yo lo ví. Desde mi asiento al lado de la prensa verdeamarela (fui muy cordialmente invitada por ellos) se escuchaban gritos de guerra en la cancha, cada choque de manos era una transmisión de energía inmensa. Desde afuera se las veía enormemente confiadas, en el buen sentido.

De más está decir que lo primero que hice cuando fui a ver la entrada en calor fue buscar con la mirada a la magiar mágica, Anita Görbicz. Evidentemente no fui la única. Todos los flashes apuntaban a ella. Pero hoy no fue su día.

Brasil arrancó el partido con todo, superando de contra a las europeas y poniéndose 7-2 arriba en el marcador en 13 minutos. El ataque húngaro, liderado por Görbe en el central, no encontraba cómo entrarle a la dura defensa de las sudamericanas, pero de a poco fue hallando los huecos y provocando varias exclusiones que le permitieron acercarse en el marcador para irse 11-12 al entretiempo.

Como ya es costumbre en este torneo, en lugar de ir a los vestuarios, las brasileras se quedaron en su banco de suplentes durante el descanso. Formando una ronda, escuchando atentamente a Morten y aconsejándose entre ellas. Para qué contar lo que fue el segundo tiempo. Hungría pasó al frente y llegó a ponerse a dos de ventaja, pero Brasil volvió a tomar el timón y llegó a tiempo para empatar el partido. Zsuzsanna Tomori tuvo un tiro libre con tiempo cumplido, pero mandó el lanzamiento a cualquier lado, todo para que nosotros desde la tribuna siguiéramos sufriendo. El partido se  definía en alargue…

Como si un tiempo suplementario no hubiera sido suficiente, hubo dos. Ambos los ví por un televisor en la sala de medios, porque yo tenía que estar preparando la sala de conferencia de prensa y no quería abusar de la libertad que me han dado hasta ahora y recibir retos por parte de mis jefes. El estadio ya se estaba llenando, porque quienes llegaron con tiempo para alentar a Serbia y a Noruega en el segundo partido de la jornada, iban ocupando sus asientos y se ponían en clima mirando el más que emocionante final de este partido. Fue para el infarto, por más que suene a cliché. Mayara decretó el 32-30 con poco menos de un minuto para el final, Hungría achicó a uno  y en la última jugada, tras un pase largo de Mayssa, Samira recibió a una mano superando a su marcadora y firmó el 33-31 definitivo, para el histórico pase a las semifinales, para sacarse la espina de los benditos cuartos de final del mundial de Brasil 2011 (quedaron afuera ante España) y Londres 2012 (cayeron ante las noruegas, que terminaron campeonas del torneo) y para la felicidad de toda América (¿no?). La alegría no tenía fin para las brasileras.

Antes de entrar a la sala de conferencia de prensa hice una visita a la zona mixta. Allí felicité a mis amigos brasileros y pude presenciar la emoción de las vecinas a medida que iban pasando, una a una por detrás de las vallas. Pura sonrisa, pura alegría, bien de brasileras; lo lógico después de haber ganado ¿el partido más importante de sus vidas? hasta el momento. Este equipo hizo historia y se metió por primera vez en las semifinales de un mundial. Lo hicieron representando a su país, pero también a todo un continente.

En cuanto ví a Morten pasando por un costado me apuré para llegar junto con él a la sala de conferencias. Estaba serio, se secaba el sudor con las manos y tomaba agua como loco. Más tarde llegaron el DT húngaro Janos Hadju y la arquera Orsolya Herr (jugó un partidazo). La última en entrar fue una Guerrera en serio: Dani Piedade. Y lo primero que se me vino a la cabeza fue esa conferencia de prensa el año pasado en Copper Box, después de haber ganado su segundo partido en los Juegos Olímpicos, su simpatía y la mini charla que tuvimos camino al vestuario.

No hubo preguntas por parte de la prensa luego de que cada protagonista diera sus opiniones acerca del partido, todos optaron por las notas individuales. Yo me paré a un costado de la mesa ‘supervisando’ a los periodistas. Mi intención en realidad era escuchar las declaraciones. Cuando ya no hubo más preguntas para ella, la cámara se fue con Soubak. Miré a la pivot, que no dejaba de sonreír escuchando y mirando a su técnico hasta que finalmente me vió. La felicité y le dije sin vergüenza alguna: “¿te puedo dar un abrazo?”. “¡Claro, por favor!”, dijo; se puso de pie y me dio un abrazo fortísimo. Y cuando finalmente me soltó y volví a felicitarla me interrumpió para preguntarme: “¿Yo no me saqué una foto contigo en Londres?”. Me quedé muda.

Es decir, la piba acababa de jugar uno de los partidos más importantes de la historia del handball brasileño (así lo catalogó ella) y en ese instante se acordó de mí. Todavía no entiendo cómo pasó, pero indudablemente no me lo voy a olvidar. Y ya que estábamos en plan amigas le dije todo lo que se me cruzó por la cabeza. Que eran un ejemplo a seguir, que las admiraba, que me ponía contenta por ver su progreso y que me enorgullecían pese a no ser brasilera. Ellas demostraron cuál es el camino a seguir y, sobre todo, que tantos años de trabajo , dan sus frutos. Mientras Morten seguía contestando preguntas, Daniela decidió irse al vestuario, así que me volvió a abrazar y entre saludos dejó corriendo la sala de conferencias.

Y así, con toda esa emoción encima, me fui a servir café a los periodistas y a comer algo después de horas sin haber probado bocado.

Récord: 16.028 personas se acercaron al Kombank Arena. Serbia no defraudó y mandó al campeón defensor a su casa antes de lo previsto.
Récord: 16.028 personas se acercaron al Kombank Arena. Serbia no defraudó y mandó al campeón defensor a su casa antes de lo previsto.

Desde la sala de prensa se escuchaba la presentación de las jugadoras serbias y noruegas que ya estaban en cancha para jugar su partido. En Novi Sad Polonia ya le había ganado 22-21 a Francia, y Dinamarca y Alemania comenzaban su encuentro. Pero en Kombank Arena, 16.028 personas batían un récord: el de asistencia a un partido de un mundial de handball femenino. El moderno estadio de Belgrado era el lugar para estar ayer por la noche.

Para quienes hayan visto el partido, seguramente escucharon los abucheos en cada ataque noruego, los aplausos en cada atajada de Tomasević (bestial) y los gritos de gol en cada conquista de las locales. Yo me perdí todo el primer tiempo por estar comiendo. El cansancio ya me está pegando duro estos días y necesitaba tomarme un rato. El segundo tiempo no me lo podía perder, tenía que ver ese estadio lleno, tenía que escuchar esos gritos, ese aliento.

El público fue verdaderamente el octavo jugador para las locales. Las dirigidas por Hergeirsson tenían el partido controlado, se habían escapado por cinco goles cuando se cumplían apenas cinco minutos del complemento, pero el aliento de las 16 mil personas incomodó a las campeonas defensoras. La gran remontada llegó a su punto más alto a los 15:55 cuando Dragana Cvijić (MVP del partido) marcó el gol 21 para el empate desde el punto de penal: amague y tendida sobre la jovencita Solberg para que el público emitiera un rugido ensordecedor (el video del gol, al final del post). Los últimos minutos de Serbia fueron impecables y el final es sabido.

Apenas terminó el partido, las jugadoras serbias corrieron a abrazar a la heroína del día: la arquera Tomasević. Las noruegas no tenían consuelo. La extremo Camilla Herrem lloraba tirada en el suelo; lo mismo que la magistral Hammerseng-Edin, que fue levantada por la excelsa Heidi Løke. Del otro lado del campo, las serbias saltaban en ronda y se fundían en abrazos interminables. El público cantaba al compás de lo que sonaba como una canción tradicional, la misma que ponían en cada tiempo muerto y que también sonó tras el final del partido de octavos de final ante Corea del Sur. 16 mil personas cantando (bueno, sin contar a los noruegos, claro), gritando, muchos con lágrimas en los ojos, todos con una gran sonrisa.

La zona mixta, como siempre, deja ver los contrastes. Herrem, aún con lágrimas en los ojos, siguió de largo, pero luego volvería para dar declaraciones, lo mismo que la genial zurda Linn Jørum Sulland. A su lado, la capitana Lekić y la buena de Damnjanovic, desbordadas de alegría, charlaban con los medios locales. Antes del partido yo no creía posible la eliminación de Noruega, por más público a favor que hubiera, pero como comentara Breivang (capitana escandinava) en la conferencia de prensa, el aliento de la gente fue un factor que ayudó a las locales a sentirse cómodas. Según ella, nunca había jugado en un ambiente así, lo más parecido a esto había sido un partido de Champions League de su Larvik contra el Budocnost de Cvijić.

Esta fue sin dudas la jornada más especial en lo que va de mi estadía en Serbia, una que evidentemente no voy a poder olvidar. Ahora, las cinco y media de la mañana, intentaré dormir algo para no llegar tan zombi a mis tareas dentro de unas horas. Espero hayan disfrutado de los partidos casi tanto como los disfruté yo. ¡Vamos por más jornadas inolvidables!

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4 comentarios en “#RaçaBrasil y el octavo jugador

  1. Laura, estuve leyendo tu blog y no puedo creer la excelente redactora que sos. Fue una gran y grata sorpresa leer cada comentario y tus narraciones tan precisas que uno puede imaginarse que está allí. Por otra parte te felicito por tus decisiones, como la de este viaje ( y los anteriores) porque para muchas personas no son fáciles de tomar pero vos por seguir tus sueños lo haces muy fácilmente. Por otro lado que país y que costumbres diferentes a las nuestras, espero que retengas los mejores recuerdos y experiencias de este viaje y que sea un poroto más para tu exitosa carrera. Seguí disfrutando mucho!! Besos! Graciela, tu vecina ferretera.

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