Estimadísimos. Ahora sí que no sé cómo empezar, eh. Lo que viví hoy no me pasó nunca. Ni en el mundial de Sudáfrica, ni siquiera en los Juegos Olímpicos en Londres.

Es decir, en esa ocasión fue tremenda la alegría de ver al handball argentino por primera vez en unos Juegos de la mano de los Gladiadores, fue genial poder presenciar por primera vez partidos con las más grandes estrellas del handball, sacarme fotos con Karabatic o Balic, Loke o Pineau. Jamás imaginé que iba a tener el privilegio de estar en unos Juegos Olímpicos y sin dudas seguirá siendo algo inolvidable. Pero de algún extraño modo esto que está pasando en Serbia es casi comparativo con ese julio del año pasado.

Aunque rápidamente quiero llegar a la parte en la que Brasil se mete en la final, no puedo olvidarme del primero de los finalistas, el dueño de casa, Serbia. La victoria fue más cómoda de lo que quizás esperaban, mucho más que la del pase a semis; 24-18 marcó el tablero al final de los 60 minutos.

Nuevo récord: 18.236 espectadores marcaron el nuevo récord de asistencia en un partido de handball femenino en mundales.
Nuevo récord: 18.236 espectadores marcaron el nuevo récord de asistencia en un partido de handball femenino en mundales.

Si en el partido de cuartos de final ante Noruega el público tuvo mucho que ver con el envión anímico del equipo, hoy fue apenas un plus. Serbia justificó su presente y su llegada a la final con Tomasević increíble una vez más bajo los tres palos, con la capitana Lekić poniéndose el equipo al hombro (ocho goles, uno mejor que otro), con Cvijić metiendo todo desde el pivot. Las locales jugaron con la mente puesta en las medallas, sabiendo que no se les podía volver a escapar la chance de una final, como el año pasado en el europeo, que también fue en casa.

Pusieron mucho corazón de principio a fin y me atrevo a decir que el resultado no peligró en ningún momento. La diferencia llegó a ser de 11 goles para las de Boscović, que en la conferencia de prensa se deshizo en elogios para sus dirigidas y abrió con un: “Serbia, acaban de ganarse una medalla”. La dedicatoria era para las 18.236 personas que asistieron al Kombank Arena para marcar un nuevo récord de asistencia en mundiales femeninos de handball, el segundo en tres días. Y seguramente el domingo se vuelva a superar…

Y todo bien con las serbias, pero no quiero extenderme más con ellas. Muchas felicitaciones, lo hicieron muy bien, espero que Lekić esté bien para el domingo (se fue rengueando de la cancha) y todo eso, pero acá lo que más importa (al menos a mí) es el papel de Brasil.

Lo que están haciendo las vecinas en esta capital balcánica es histórico (disculpen la falta de variedad para las calificaciones, a esta hora ya no carburo muy bien), para nada casual y evidentemente el producto de un trabajo de años. No hay dudas de que es un equipo que se merece todo lo que les está pasando. O mejor, dicho, lo que están logrando. Nadie les ha regalado nada. Tengo el máximo de los respetos por todas ellas, por el cuerpo técnico y por el trabajo que vienen haciendo hace años. No dos o tres, no desde que la llegada de Morten, sino desde que las referentes (que en aquel entonces eran jovencitas) decidieron irse a Europa a mejorar. Sólo para citar a dos, Alexandra Nascimento (mejor jugadora del mundo en 2012) y Daniela Piedade llevan más de diez años jugando en el viejo continente.

Nada es casualidad a este nivel. Brasil superó a Dinamarca durante todo el partido, de punta a punta; con el buen manejo de la inteligentísima Ana Paula en el central, con los 4/4 en penales de Ale y sus contragolpes velocísimos, con las arremetidas de Deonise, con las defensas de Dara y Duda, con la fuerza de Dani en el área rival, con las providenciales atajadas de Babi Arenhart que se llevó el merecido premio por ser la jugadora más valiosa del partido. Ganaron porque fueron mejores y porque el hambre de gloria que tienen adentro es más grande que el aliento de los daneses sumado al de los noruegos, que alentaban por las europeas.

Las dirigidas por Soubak no solamente se metieron en la final, sino que le ganaron por segunda vez en el torneo a las danesas y me pareció escuchar que nunca había pasado. O que era muy difícil de conseguir. O lo que sea. ¿A quién le importa a esta altura, no? Hoy volví a ver ese fuego en los ojos, el que mencionó Piedade en la pasada conferencia de prensa, eso que creo que ellas llaman #raçaBrasil. Yo intuyo que el público no va a intimidar tanto a las sudamericanas, esa concentración que tienen es demasiado grande, ese fuego interno es demasiado caliente como para que el público las apabulle. Morten, que dijo haber nacido en el país equivocado, sabe que serán más de 20 mil los que estén alentando por las locales, pero también sabe que tiene a cargo un grupo de jugadoras que entienden que ya no son más la sorpresa y que quieren seguir haciendo historia.

Quise felicitar a las jugadoras y cualquier otro brasilero que se me cruzara por el camino, por eso me paré estratégicamente al final de la zona mixta y esperé a que pasaran. Una a una les tiré un “parabéns” al que respondían con sonrisas y un “obrigada”. Ví pasar a Rita, la jefa de equipo, que tenía cara de no entender nada+felicidad; Alessandra, la psicóloga, que me mandó saludos para Nadia (si, en ese momento se acordó de vos, capa) y que no paraba de reir. Pasó Mayssa, que hoy comió banco pero que el otro día ante Hungría fue vital y cuyo llanto nos emocionó a todos; la craque de Mayara que me chocó los cinco; Amanda Andrade, que seguramente no podría haber recibido un mejor regalo de cumpleaños que este pase a la final del mundial.

Pero yo esperaba a una en particular, a la que lleva el cinco en la espalda, la que se acordó de la foto que se sacó conmigo (bueno, que yo me saqué con ella) en Londres, la que tenía los ojos vidriosos después de meter el gol 26 cuando ya quedaban solamente tres minutos para el final del partido y que cuando salió para hacer el cambio con Dara gritó un “¡¡¡PUTA QUE PARIU!!!” que se escuchó hasta la platea donde estaba sentada yo. Terminó de dar las notas correspondientes y me asomé para saludarla. La sonrisa en su cara era desbordante, se me acercó corriendo y con los brazos en alto me dijo: “Oooooooooi, ¡¡¡qué alegría, chica!!!”, un nuevo abrazo era inminente. La tipa no podía más de la felicidad y no era para menos. Le reiteré las felicitaciones y la dejé posar para las fotos con otros voluntarios.

Con don Morten Soubak y Daniela Piedade. Brasil era pura sonrisa después de la victoria. Y antes también, esta gente nace feliz
Con Morten y Dani Piedade en Londres. Brasil ya hizo historia ¡y van por más!

Después de un buen rato, la que se liberó de la zona mixta fue la mejor jugadora del mundo, Alexandra Nascimento; la atlética zurda, la de los siete goles de hoy, la que no para de gritar y alentar a sus compañeras con una fuerza que indicaría que se queda muda después de cada partido. Allí fueron mis felicitaciones y ella también se acordó de mi presencia en los Juegos. Recuerdo haberle dicho en aquel entonces, apenas consumada la eliminación en cuartos de final a manos de Noruega, eventual campeona olímpica: “ustedes en Rio se suben al podio”. Parece que ella también lo recordó y me dijo: “Me acuerdo, ¡pero nos adelantamos un poco y lo logramos antes!”.

Pase lo que pase, el domingo será un día inolvidable para los que estaremos en Kombank Arena. Ni siquiera puedo imaginar lo que se debe cruzar por la cabeza de las jugadoras, de los integrantes de ambos cuerpos técnicos. Para los dos equipos se trata de la primera final del mundo. Las locales no participaban de este certamen desde 2003 (terminaron 9°) y todos los títulos que ostentan datan de la antigua Yugoslavia; mientras que las brasileras jamás habían superado la instancia de cuartos de final, pero terminaron en la 5° posición en el pasado mundial, en su casa. Gane quien gane hará incluso más historia que hasta ahora.

Seguramente serán más de 20 mil las personas que estén presentes en el moderno estadio. Tanto los aplausos como para las serbias como los chiflidos y abucheos para las sudamericanas serán ensordecedores, la presión será igual para ambos combinados y estoy segura de que será un partidazo. Por mi parte, creo que está de más decir que voy a dedicarme a disfrutar. Este viaje, que salió de la nada, que se me cruzó por la cabeza allá por el mes de enero y que apenas se confirmó en septiembre, ya me dejó muchísimas satisfacciones. Ya poco importa todo el dinero que me gasté en pasajes, en el alojamiento, en la comida; todo está recompensado. Ya ví a la Noruega bicampeona olímpica y campeona mundial, a las Guerreras de Dueñas que seguirán dando batallas, a la Argentina de Raqui y su gran progreso para hacer grandes partidos ante potencias como Noruega y España, a la Francia renovada de Alain Portes, a la Serbia de Lekić y cia., a la Hungría de la fenomenal Anita Görbicz y a estas fantásticas Guerreiras brasileras que ya son parte de la historia grande del handball de su país y de América. ¡Qué se venga la final!

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5 comentarios en “#Serbia2013, ¡no termines más!

  1. Guauuuuuuuuuuuu ! Qué crónica !!!!!!!! Como siempre muy buena ! Felicitaciones por contarlo tan bien y por dejar en el piso a la famosa rivalidad “Brasil-Argentina”. Estoy orgullosa que sientas que en definitiva no sólo son nuestros “vecinos” sino que sobre todo somos hermanos sudamericanos !!! Beso y descansar, te lo tenés merecido, allí son las 6 AM y tendrás que descansar para seguir disfrutando sin quedarte dormida !!!!!

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