Ya estaba casi todo listo. Casi. Me iba a Japón por primera vez en mi vida. Iba a perderme en las calles de Akihabara, le iba a dar de comer a los ciervos en Nara, iba a asombrarme en los bosques de bambúes en Kyoto. En Okinawa, la tierra que vio nacer a mis ojis (abuelos), iba a llorar de emoción escuchando los sanshin (instrumento de tres cuerdas, típico de las islas), iba a ver a las imponentes ballenas en el acuario de Churaumi y hasta quizás pondría en remojo los pies en las aguas de esas islas paradisíacas en las que el mar se muestra hasta con cinco tonos distintos de azul.

Siempre quise ir a Japón, desde chica que los don don de los taikos (tambores japoneses) me emocionan y que cuando escucho un sanshin inevitablemente se me llenan los ojos de lágrimas. Puede sonar gracioso, indudablemente pensarán que soy una llorona. Me pasa que no lo puedo describir con palabras. Esa emoción me brota y es raro explicar que el origen de todo ese estremecimiento nace de la nostalgia. Como leí alguna vez en un post, es nostalgia de algo que no se conoce. Yo creo que está ‘pegado’ en algún lugar de mi ADN.

Pero volviendo al viaje, todo había sido muy rápido. Una oferta se apareció allá por fines de marzo y Josefina, mi ahora abandonada compañera de viaje (ya sabrán por qué), me pasó el enlace para desatar la euforia. Los pasajes estaban a menos de la mitad de lo habitual. No importaban los otros planes que a esa altura se gestaban en mi cabeza. Compramos pasajes en cuestión de días ya éramos seis los que conoceríamos el país del sol naciente.

Pasó abril. Pasaron mayo y junio. Y un día antes de mi cumpleaños, pasó el sorteo de grupos del mundial de Dinamarca. Y justo La Garra cayó en el grupo de las campeonas del mundo. Y pasó julio y yo en Toronto. Y La Garra se volvió olímpica. Y ahí me acordé. Me acordé de que desde el año pasado que mi idea, la que postergué por ir a Japón, era estar en el mundial, como hace dos años atrás en Serbia.

Esta noche, cuando Jose, Yani y su hermano se suban al avión, yo voy a estar en mi casa, con nostalgia de lo que pudo ser (que va a ser, tarde o temprano va a ser); pero haciendo mi cuenta regresiva a un nuevo mundial. No será la última vez que el handball me gane la pulseada. Mientras tanto sólo espero no carcomerme la cabeza viendo fotos de Nihon en las próximas semanas…

“Heart of handball”, el tema oficial del mundial, que no le llega ni a los talones al de Serbia 2013 (?).

 

Anuncios

3 comentarios en “El día que me ganó el handball

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s